Ia Francia organiza los días 22 y 23 de junio la Cumbre por un Nuevo Pacto Financiero Global. La comunidad internacional no puede permitirse el lujo de perder, una vez más, la oportunidad de actuar, mientras la crisis climática golpea con más fuerza a los países más expuestos y menos emisores, generando inmensas necesidades humanitarias.
Con la decepción de la COP27, la brecha entre la retórica y la acción ha alimentado el resentimiento y erosionado la confianza entre el Sur y el Norte. Existe una fuerte correlación entre la pobreza extrema, los conflictos y la vulnerabilidad de las personas al riesgo de desastres climáticos.
Sin embargo, en la actualidad, las políticas y la financiación del clima global y la ayuda humanitaria no están coordinadas. Las comunidades más vulnerables del mundo son aquellas que reciben la menor inversión en resiliencia y adaptación climática.
Como humanitarios, somos testigos de esta situación sobre el terreno y tememos que las comunidades frágiles y afectadas por la crisis se queden atrás. Francia y la Unión Europea han proporcionado importantes recursos humanitarios y de asistencia oficial para el desarrollo (AOD) para satisfacer el aumento de las necesidades humanitarias, pero esta inversión corre el riesgo de ser una gota en el océano frente a los daños futuros del cambio climático. .
Una falta de innovación
El apoyo de Francia a la iniciativa Bridgetown, liderada por Barbados, que tiene como objetivo impulsar la financiación del cambio climático para comunidades de bajos ingresos, y su liderazgo en el lanzamiento de la institución financiera global New Deal Summit representa uno de los pocos esfuerzos serios para corregir esta desigualdad y responder a las críticas a la inacción del Norte. En este sentido, hay que mencionar varios puntos de aquí a la próxima conferencia climática de Naciones Unidas, que se celebrará en Abu Dabi en noviembre.
Primero, existe una necesidad urgente de comprender mejor las interconexiones entre la pobreza, el clima y los riesgos humanitarios, a nivel nacional y regional. Este mecanismo se ilustra trágicamente en el Sahel central (Malí, Burkina Faso y Níger). La pobreza extrema, la vulnerabilidad climática, el aumento de las necesidades humanitarias, la inseguridad regional y la migración forzada están vinculadas.
Sin un cambio de paradigma, la financiación de la ayuda humanitaria no podrá mantenerse y los grupos armados no estatales llenarán el vacío. La Gran Muralla Verde, que lucha contra la desertificación y crea medios de vida para las comunidades del Sahel, es un paso en la dirección correcta, pero requiere una financiación adecuada y una gobernanza local real.
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