30%: es el nivel de aumento del riesgo de salida voluntaria de un empleado con pérdida de sentido, con profesión, edad, sexo y nivel de titulación equivalentes. Un impacto revelado por el trabajo del estadístico Thomas Coutrot y la economista Coralie Pérez, como parte del proyecto de mediación científica “¿Qué sabemos del trabajo? », del Laboratorio Interdisciplinario de Evaluación de Políticas Públicas (Liepp), distribuido en colaboración con la mentir y Presses de Sciences Po en el canal Emploi de Lemonde.fr.
Para lograr este resultado, los dos investigadores comenzaron midiendo el significado del trabajo con sus propias herramientas: la estadística y la econometría.
En diez preguntas, integraron tres indicadores parciales (utilidad social, coherencia ética, capacidad de desarrollo) y un indicador sintético de «sentido en el trabajo» que cruzaron con datos sobre las condiciones laborales de los empleados extraídos de encuestas nacionales. coordinación de investigaciones, estudios y estadísticas del Ministerio del Trabajo (Dares).
Aprovechar a los trabajadores que a los gerentes
Las correlaciones permitieron establecer las consecuencias de la pérdida de sentido del trabajo sobre la decisión de dejar el empleo y sobre la salud de los empleados, eliminando el sesgo del Covid-19 en tanto las cifras del Ministerio del Trabajo brindan el período de 2013 a 2016. «El factor más explicativo de la difusión entre 2013 y 2016 es el hecho de que la persona encontró poco significado en su trabajo en 2013»nota de los autores. “Una alta intensidad de trabajo o los conflictos con el superior también favorecen la salida, pero no el nivel del salario o incluso la sensación de estar mal pagado: contrariamente a un prejuicio común, el salario no es el principal determinante de la movilidad”especifican.
Y cuando se impide la salida, “la pérdida de sentido del trabajo entre 2013 y 2016 se asocia a un fuerte aumento del absentismo por enfermedad”, hasta un 40% para el 20% de los empleados cuyo indicador de sentido cayó más en el período. El sentido del trabajo se convierte entonces en un problema de salud pública.
Por otro lado, «no es un problema de riqueza», aseguran los investigadores. El riesgo de depresión, que se multiplica por dos en caso de pérdida de sentido en el trabajo, afecta más a los trabajadores que a los directivos.
Finalmente, después de haber analizado extensamente las causas de la pérdida de sentido en el trabajo (dirección por números, cambios frecuentes, toma de decisiones «sobre el suelo», «desconectado del campo»), los investigadores, en un enfoque constructivo, propusieron algunos caminos cambian en la gobernanza, la gestión y el diálogo social, para reconectar con el sentido en el trabajo.
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