junio 17, 2024

Aguacates de Perú, plátanos de Costa Rica… las frutas extranjeras toman el supermercado

El aguacate que ahora mismo descansa en el frutero de su cocina podría llevar sobre su piel un viaje de más de 9.500 kilómetros, en el caso de que haya salido de Lima para llegar a Madrid. No es un escenario improbable; de hecho, es cada vez más común.

El interés de los consumidores por tener siempre disponibles sus frutas y verduras favoritas obliga a importar alimentos de países como Marruecos, Estados Unidos, Perú o Costa Rica. Basta echar un vistazo a las etiquetas en el supermercado para observar que el origen de las frutas está a menudo muy lejos de nuestras fronteras. Una realidad que depende, claro, de la temporada -si es tiempo o no de su cultivo en España-, pero también del éxito o no de las cosechas y, por supuesto, del precio al que se venden.

Los datos que el Ministerio de Agricultura permite consultar en sus informes de comercio exterior agroalimentario y pesquero dibujan diferencias según los alimentos de los que hablemos. En general, y con una visión de conjunto, España arroja una balanza positiva en el comercio exterior de frutas en lo que llevamos de año (las exportaciones ascienden a 4.488 millones de euros, mientras que las importaciones han supuesto 1.799 millones), pero es negativa si hablamos de aguacates, frutas de pepita, plátanos, uvas y piñas. En esos casos, traemos de fuera más de lo que vendemos en el exterior, con especial relevancia de Marruecos, Estados Unidos, Perú, Portugal o Costa Rica, en ese orden, en ese tráfico comercial. Lo mismo ocurre con las judías verdes, por ejemplo, ya que la mayoría de las que consumimos en España llega desde nuestro país vecino del sur.

«A pesar de ser un grupo exportador, las frutas muestran una tendencia importadora creciente (12,2%) en algunos productos que, o bien no se producen en España, como son las piñas, mangos y papayas; o bien tienen una producción limitada y una demanda constante, como es el caso de los aguacates y los plátanos. También se produce un efecto estacional, por el que se importan productos que en épocas más favorables se exportan, como son las frutas de hueso y los melones y sandías», recoge Agricultura en el informe de 2022 de comecio exterior.

Las cifras fluctúan mes a mes, en función de los impactos en los cultivos. Para muestra, la falta de melones y sandías de producción nacional en las fruterías en las últimas semanas, fruto de inclemencias meteorológicas como las granizadas en el Valle del Guadalquivir o Lorca, que han empujado a España a aumentar las importaciones desde Marruecos o Senegal.

Para los agricultores españoles competir con determinados países es cada vez más difícil. «El daño está sobre todo en que el producto que entra de fuera es más competitivo que el nuestro; aunque es una palabra que no nos gusta, lo de competitivo en precio. Tienen la capacidad de poner un producto similar en el mercado a menor precio porque tienen menos costes: producir en determinados países es más económico», explica el responsable estatal del sector de Frutas y Hortalizas de Coag, Andrés Góngora, en conversación con ABC. «Traer fruta de fuera tiene el agravante del transporte, pero no les penaliza lo suficiente, y tampoco las tasas arancelarias», asegura. Pone como ejemplo el caso de la judía verde, el más ilustrativo, en su opinión. «Es lo que más mano de obra tenía. En este caso, la diferencia de costes es bárbara, fundamentalmente por el tema laboral. Ahora mismo Marruecos está diez veces por debajo de nuestro precio, pero es que ya tenemos judías verdes de Kenia», explica.

Una competencia muy agresiva

El responsable de Coag menciona las «cargas sociales, los impuestos, las medidas medioambientales, de reciclado, de agua…». «Competir es imposible en productos como tomates cherry o judías; y en calabacines cada vez somos menos competitivos», resume Góngora. Mención aparte merece el aguacate, que es, dentro del apartado «frutas exóticas», el segundo tipo de fruta con más relevancia en el consumo de los hogares españoles por volumen, según el último nforme de consumo alimentario. «Nuestra producción es pequeña comparada con el consumo, pero el problema viene si las importaciones se descontrolan. Si te sirven para equilibrar la balanza es aceptable, la gente tiene que comer. Lo que no pueden es desequilibrar la cadena comercial, y desgraciadamente ocurre cada vez más. Cuando entra mucho producto de fuera se genera un problema, lo vimos el año pasado con el mango; lo teníamos pero lo trajimos del exterior», critica Góngora.

La nota positiva la sitúa Coag en los cítricos: «En ellos aún podemos defendernos, pero en las mandarinas ya nos hacen daño. Marruecos y Turquía tienen mucho potencial en producción, y el clima es más parecido al nuestro. Incluso tienen el transporte por carretera, no necesitan barcos. Eso lo simplifica».