La startup ‘fintech’ Íkualo nace con la vocación de impulsar un panorama financiero más inclusivo para los inmigrantes. La empresa se fundamenta en una historia tan auténtica y llena de desafíos como las de las personas a las que busca servir y empoderar.
«Mi gran meta siempre fue estudiar, y con lo que ganaba, me fui preparando y llenando de conocimientos», refleja Harold Correa, fundador y CEO de la startup, quien pasó de ser un inmigrante sin papeles aceptando trabajos poco cualificados a fundar Íkualo tras observar las dificultades que las personas extranjeras enfrentan para acceder a servicios financieros básicos. Durante su trabajo en una corporación bancaria y sus estudios en ‘fintech’, se sintió llamado a cuestionar y actuar contra la exclusión financiera que experimentan los inmigrantes. Esto le llevó a una cruzada por el continente y, finalmente, al nacimiento de la compañía tras visitar 62 bancos.
La ‘fintech’ se presenta no solo como una entidad financiera sino como la primera ‘superapp’ diseñada particularmente para inmigrantes, habiendo sido ideada y desarrollada por aquellos que entienden los desafíos intrínsecos que esta población enfrenta. ¿Su atractivo? Permitir a las personas extranjeras abrir una cuenta en siete minutos y ofrecer una panoplia de servicios, desde microcréditos hasta envíos de dinero, todo en una aplicación. Los requisitos para abrirse una cuenta Íkualo con son solo tres: residir en Europa, tener el pasaporte en vigor y pasar un proceso de verificación de identidad (KYC – ‘Know Your Client’).
Más que una entidad financiera, es una entidad tecnológica. A través de herramientas como inteligencia artificial y biometría buscan no solo facilitar, sino también asegurar todas las transacciones y servicios que ofrecen a sus usuarios. Dividido en cinco facetas, el modelo de negocio abarca microcréditos, transacciones con tarjetas bancarias, seguros, envíos de dinero e ingresos por suscripción, centralizando todos los productos y servicios que un inmigrante podría necesitar.
A pesar de los obstáculos regulatorios, el equipo detrás de la startup perseveró, consiguiendo una codiciada licencia de entidad de dinero electrónico tras 18 meses de incansable labor.
El impacto se manifiesta en historias como la de Eduardo, un joven inmigrante que, gracias a un microcrédito de la startup, pudo comprar un patinete para seguir trabajando y, por ende, construyendo su vida. «Sabemos que una población sin acceso al sistema financiero está condenada a vivir en la pobreza, y con Íkualo estamos sacando de la exclusión a millones de inmigrantes», expresa Correa.
Con ambiciones de expansión hacia mercados como Reino Unido y una visión clara para abrazar tecnologías futuras como blockchain, la firma ya cuenta con una impresionante lista de espera de 37.000 usuarios, evidenciando una clara demanda y la necesidad urgente de servicios financieros accesibles e inclusivos para las personas extranjeras en Europa.

