DDurante la segunda mitad del siglo XXmi siglo, la reducción de las desigualdades inducidas por las políticas públicas que permitieron redistribuir los «frutos del crecimiento» mediante transferencias sociales e inversiones en educación e infraestructura. Los formuladores de políticas podrían contar con ingresos fiscales crecientes gracias a la alta tasa de crecimiento de nuestras economías. Pero, ¿sigue siendo aplicable esta estrategia histórica cuando el paradigma del crecimiento económico se marchita para dar paso a una era de poscrecimiento?
Hoy, muchos investigadores señalan que el crecimiento ya no es deseable por razones sociales y ecológicas; dieciocho parlamentarios europeos llamaron recientemente, en El mundoA «salir del dogma del crecimiento». Nuestros indicadores de desempeño social y bienestar ahora están descorrelacionados con el crecimiento económico. Nuestra sociedad productivista es incompatible con los límites ambientales si queremos que la humanidad sea parte de un ecosistema sustentable. Es hora pues del poscrecimiento, un proyecto social que va más allá del objetivo de crecimiento del producto interno bruto para casarse con el de la satisfacción de las necesidades humanas básicas sin sobrepasar los límites planetarios.
Si la era del poscrecimiento se va inmiscuyendo paulatinamente en nuestros marcos de pensamiento, aún estamos lejos de contar con soluciones adecuadas para responder a la nueva configuración de desafíos sociales que plantea este paradigma. Entre estos, la reducción de las desigualdades económicas surge desde un nuevo ángulo.
En efecto, ya no se trata de redistribuir el excedente de la producción nacional en un juego en el que todos ganan. Ahora es necesario arbitrar sobre la distribución de la riqueza dentro de una economía sin crecimiento. En tal contexto, si ciertos deciles o percentiles de la población perciben una mayor proporción del ingreso, es en detrimento de otros deciles de la población cuyos ingresos disminuirán. Hay, por tanto, límites implícitos a la riqueza si queremos evitar un aumento inexorable de las desigualdades.
Nuevo marco de pensamiento
Esta observación, ampliamente documentada por economistas ecológicos, nos revela que la reducción de las desigualdades en una sociedad poscrecimiento conduce a una reducción de los ingresos y la riqueza de los más ricos. Si bien las políticas diseñadas durante el siglo XXmi siglo ahora tienen un impacto limitado sobre la desigualdad y que el auge de esta última se explica esencialmente por el desarrollo de la riqueza extrema (el 0,1 más rico), las políticas públicas que introducen límites a la riqueza podrían ser ‘esenciales para reducir las desigualdades en una sociedad poscrecimiento’. .
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