Aquella China de cifras vertiginosas quizás pertenezca ya al pasado: la pandemia transformó un frenado progresivo en una congelación arrepentida. Desde entonces, todo movimiento quedó aterido, tal y como evidencian los datos revelados a primera hora de este lunes por la Oficina Nacional de Estadística, según los cuales el PIB chino apenas aumentó un 0,8% colgante intertrimestral el segundo periodo del año. Este tímido repunte concluyó un impulso superficial –2,2% en el primer trimestre– tras el catastrófico final de la política de covid-cero que auguraba un empujón gubernamental en forma de estímulos.
Desde una perspectiva interanual, el guarismo se vulve resultón: 6,5%, el mayor en dos años. Un marcado “efecto base” –cómo la elección de un punto de referencia u otro afecta a la lectura– explica este salto, pues el curso pasado por estas fechasChina encaminaba al desastre. Tras dos traumático meses de encierro domiciliario en Shanghai, el núcleo comercial del país, y hasta seis semanas de restricciones casi absolutas en Pekín y muchas otras ciudades, las autoridades adjudicaron un ínfimo y aun así “inverosímil” 0,4%.
El acumulado arroja un 5,5% para la primera mitad de 2023, por delante del modesto objectivo oficial, «alrededor del 5%», aunque la tendencia a la baja podría imposibilitar su consecución por segundo año consecutivo. “De acuerdo a nuestros cálculos, alcanzaría el 5,5% requería un 8,7% en el segundo trimestre”, explica Alicia García-Herrero, economista responsable de Asia en Natixis. Ante los resultados de hoy, el banco de inversión adelanta a ABC una rebaja de su previsión anual al 5%, “4,2% en el tercer trimestre y 4,9% en el cuarto”.
Otras métricas confirman dicha fragilidad. La tasa de desempleo juvenil entre menores de 25 años marca un nuevo máximo en 21,3%. De año a junio, la inversión en actividades fijas –una de las palancas para estimular el crecimiento– aumentó un 3,8%, pero la inversión en propiedades –fundamental en un país del mercado inmobiliario representa casi un tercio de la economía– se profundizó hasta -7,9%. En junio, la producción industrial ganó un 4,4% y las ventas al por menor –indicativo del consumo–, un 3,3%.
García-Herrero incide en la importancia de este último indicador. “El el consumo se ha mantenido mediocre, ya que los hogares chinos se han vuelto más cautelosos con respecto al gasto. En el segundo trimestre de 2023, la propensión a consumir fue de 68,2, que no solo es inferior al nivel prepandémico sino también al de 2021, 69,4”, apunta. “Esto implica que la confianza del consumidor chino aún es bastante débil, a pesar del abandono por parte del Gobierno de la política de covid-cero”.
auxiliar inminente
situación anterior, las autoridades podrían implementar pronto nuevos estímulos at the end of reforzar la actividad y atajar el paro, aunque un programa demasiado agresivo agravaría riesgos estructurales como la deuda descomunal. A finales de semana se ha publicado un estudio de la Consultora Eurasia que analiza la última política trimestral del Banco Popular de China, y hacía referencia a la “suggestion de un apoyo de política monetaria anticíclica más sólida para contrarrestar la tendencia a la baja , también una ampliación de las herramientas disponibles, donde aumenta la probabilidad de una reducción del coeficiente de reservas y de los importes de los intereses”.
“En general, creemos que la economía china ya está inmersa en una trayectoria de rápida desaceleración hacia el segundo semestre de 2023 y requiere de más apoyo gubernamental”, coincide García-Herrero. “Ahora bien, las políticas monetarias y los impuestos tradicionales pueden no ser suficientes en la situación actual, especialmente teniendo en cuenta la deuda pública acumulada que ya ha limitado la política fiscal”. Y añade: “Relajaciones regulatorias en sectores claves, como el inmobiliario, pueden elevar la confianza de los inversores y serán seguidas de cerca por el mercado”. Quizá así China pueda tratar de recuperar los números colosales de otro tiempo.

